La Unión Bíblica realiza una labor misionera de acuerdo con sus dos objetivos básicos de promover la formación espiritual de niños y adolescentes y la lectura de la Biblia. Para ello organiza actividades por sí misma o a través de las iglesias o instituciones que solicitan su colaboración, edita materiales, libros y ofrece un sistema de lectura diaria de la Biblia basado en un plan de lectura que la abarca completamente. Con las iglesias, Unión Bíblica trabaja para dar a conocer las buenas nuevas de Dios a niños, jóvenes y familias, animando a personas de todas las edades a encontrarse con Dios diariamente a través de la Biblia y la oración, a fin de que lleguen a una fe personal en nuestro Señor Jesucristo, crezcan en madurez cristiana y lleguen a ser fieles miembros de la iglesia y siervos de un mundo en necesidad. Con otras instituciones, como colegios, trabaja desarrollando programas de atención individual de grupos de niños, adolescentes, padres y profesores. La Unión Bíblica persigue estos propósitos por medio de una variedad de ministerios especializados en todo el mundo, en obediencia a nuestro Señor Jesucristo y en dependencia del Espíritu Santo.
Trabajando con las iglesias, Scripture Union tiene como objetivo: dar a conocer la Buena Nueva de Dios a los niños, jóvenes y familias, y animar a las personas de todas las edades a encontrarse con Dios a diario a través de la Biblia y la oración, para que puedan llegar a tener fe personal en nuestro Señor Jesucristo, crecer en madurez cristiana y llegar a ser miembros de iglesia comprometidos y siervos de un mundo necesitado.
Nuestra visión es que los cristianos serán el medio para transformar las comunidades en las que viven, por lo que alentamos a los niños y jóvenes a convertirse en miembros comprometidos de sus iglesias y servidores de un mundo necesitado.
En 1867, el joven Josiah Spiers llevó a unos niños de su escuela dominical a una reunión especial y vio cómo el evangelista norteamericano Payson Hammond la dirigía. En la Inglaterra victoriana, los niños eran espectadores inactivos en las ceremonias de la iglesia, pero Hammond los hacía participar. Aquella chispa iluminó la visión de Josiah sobre el trabajo con niños y marcó el inicio del movimiento. Poco tiempo después se creó un plan de lecturas para ayudarlos a que leyesen la Biblia, y aprendiesen de ella.
Desde el ano 1975, la Corporación Unión Bíblica Chilena cuenta con su personería jurídica, fundado por un grupo de hermanos el movimiento, empezó a preparar un plan de lectura de la Biblia, a semejanza de lo que había en Inglaterra, con unos breves comentarios para ayudar a que los creyentes hiciesen una lectura sistemática y reflexiva de las Escrituras. El plan se llamaba ‘Notas sobre la porción diaria’, el material lo recibíamos desde UB de España, los años posteriores se desarrollaron otras ediciones con autores latinoamericanos. En Chile, además se han efectuado programas de campamentos, trabajo en colegios, capacitación en iglesias, capacitación a colegios y atención especial a niños, minas y sus familias. Recordamos a nuestra hermana Leonor Acosta, peruana, quien animo a ampliar la visión de la UB Chilena, durante los años 80.
Sostenemos que el Señor nuestro Dios es uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que él cumple sus propósitos soberanos –en la creación, revelación, redención, el juicio y la venida de su Reino– convocando a un pueblo para que salga del mundo y se una a él mismo, y entre sí, en amor. Reconocemos que aunque Dios nos hizo a su propia imagen y semejanza, otorgándonos dignidad y valor, y capacitándonos para responder a él, somos ahora miembros de una raza caída, hemos pecado y estamos fuera de su gloria. Creemos que el Padre nos ha mostrado su santo amor al dar a Jesucristo, su propio Hijo, por nosotros, cuando por causa de nuestra pecaminosidad y culpa, estábamos sujetos a su ira y condenación, y nos ha mostrado su gracia al reconciliar a los pecadores consigo mismo, cuando ellos ponen su confianza en el Hijo de Dios. Confesamos a Jesucristo como Señor y Dios, como verdaderamente hum ano, nacido de la virgen María, como Siervo, sin pecado, lleno de gracia y verdad; como único Mediador y Salvador, que murió en la cruz en lugar de nosotros, representándonos ante Dios redimiéndonos del dominio, la culpa y el castigo por el pecado; como victorioso sobre Satanás y sus fuerzas, que se levantó de los muertos con un cuerpo glorioso, fue llevado a lo alto a estar con su Padre, y volverá un día personalmente, en gloria y juicio, para
establecer su Reino.
Creemos en el Espíritu Santo: quien convence al mundo de culpa respecto al pecado, la
justicia y el juicio; quien hace que la m muerte de Cristo sea efectiva para los pecadores,
declarando que estos deben volverse a Cristo en arrepentimiento, y dirigiendo su
confianza hacia el Señor Jesucristo; quien por m medio del nuevo nacimiento nos hace
participar en la vida del Cristo resucitado; y quien está presente en todos los creyentes,
iluminando sus m entes para que comprendan la verdad de la Escritura, produciendo su
fruto en ellos otorgándoles sus dones, e invistiéndolos de poder para testificar en el
mundo.
Creemos que las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son inspiradas por Dios, ya
que sus autores hablaron de parte de Dios al ser impulsados por el Espíritu Santo, de allí
que sean completamente dignas de confianza en todo lo que afirman; y así son nuestra
autoridad suprema en asuntos de fe y vida. c) La Iglesia y su misión Reconocemos a la
Iglesia como el cuerpo de Cristo, que se mantiene unido y crece en él; al mismo tiempo
como una comunidad total esparcida por todo el mundo, y como la congregación local en
la cual los creyentes se reúnen. Reconocemos la comisión de Cristo de proclamar las
buenas nuevas a todos los pueblos haciendo discípulos y enseñándoles a obedecerle, y
Reconocemos el mandato de Cristo de amar a nuestros prójimos, lo cual da como
resultado el servicio a la Iglesia y la sociedad, la búsqueda de reconciliación para todos,
con Dios y con sus prójimos; la proclamación de libertad frente a todo tipo de opresión; la
extensión de la justicia de Cristo en un mundo injusto, …hasta que él vuelva otra vez. Esta
declaración fue aprobada por el Consejo Internacional de la Unión Bíblica en Harare,
Zimbabue, en mayo de 1985.